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Educar para promover una cultura de paz involucra un cambio de mentalidad

Hay una misión especial para nosotros los educadores cuando regresemos a las aulas de clase, luego de los meses de crisis sociopolítica que hemos vivido. La fuerte influencia de los medios de comunicación ha dejado en la mente de nuestros aprendientes muchas huellas psicológicas. Hay mucho por hacer con nuestro discurso, por eso la necesidad de abordar este tema de manera muy respetuosa y atenta.

CPM

Este ensayo está dirigido a nosotros, los maestros de universidad, los que tenemos el poder de instruir o confundir, edificar o destruir, los valores que deben prevalecer en nuestros estudiantes para bien de su entorno. El principal objetivo de este escrito, es llevarte a una profunda reflexión de nuestra realidad, propiciar nuevos escenarios de convivencia que nos lleven a instaurar una auténtica cultura de paz en nuestro país.

“Si la guerra empieza en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben levantarse los baluartes de la paz” (Frase emitida por la UNESCO en Asamblea General de las Naciones Unidas, en el preciso momento en que se aprobaba la “Declaración y Programa sobre una Cultura de Paz”).

En estos tiempos hablar de cultura de paz, es tan necesario como sembrar un árbol y tan urgente como las lluvias en sequía. Es por eso que debemos de tener claro en qué consiste y cómo fue que surgió este concepto.

El término Cultura de Paz, surgió en el marco de una profunda reflexión luego de culminada la Segunda Guerra Mundial, y fue ahí donde se desarrolló a nivel internacional, los primeros preceptos en torno a la construcción de la paz en todo el mundo; una tarea que devino en impostergable luego de que dos guerras mundiales cobraran la vida de más de 100 millones de personas y se utilizara la bomba atómica como recurso para aniquilar a dos ciudades enteras.

La Cultura de Paz consiste en la creación de nuevas formas de cultivar las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza, para incrementar las posibilidades humanas de vivir en paz. Se trata de reconstruir los momentos y actitudes que a lo largo de la historia han servido para organizarnos pacíficamente, como indicadores de las capacidades o competencias humanas para hacer las paces. (Guzmán, 2004).

Todo lo acontecido en nuestro país, lamentablemente ha provocado la segmentación de la sociedad y el llamado a construir una Cultura de Paz, nos propone el reto de afirmar las potencialidades pacíficas de nuestra convivencia humana. Carlos Portugal Mendoza, Especialista de la Dirección de Promoción de Cultura de Paz refiere que “no podemos retroceder y volver a ser una sola familia o grupos y comunidades, o desandar el camino de una historia de guerra y paz que nos ha traído hasta aquí. Pero podemos recrear nuestras relaciones recordando que la convivencia humana es básicamente pacífica y que los conflictos deben ser resueltos y la violencia rechazada con las dos cosas que nos hacen realmente humanos, la razón, pero también el amor expresado en empatía y el altruismo”. (2005, p. 49).

Trabajar por una Cultura de Paz implica orientar para una convivencia hacia la paz, pero empezando por tener claro nosotros mismos, la importancia que tiene aprender a aceptar las ideas de nuestros semejantes, aunque no compaginen con las nuestras.

El doctor y pedagogo chileno Humberto Maturana, ganador del Premio Nacional de Ciencias en 1994, nos explica cómo el ser humano necesita mejorar sus relaciones de convivencia como parte de su proceso innato de socializar y expresa cómo en realidad el ser humano se “hace humano” en esta convivencia conjugando lo biológico con lo natural, y lo biológicamente básico, en ese constituirse en ser humano a lo largo del crecimiento de cada persona, siendo el amor, el reconocimiento en el otro, para lograr convivir.

Todo sistema social humano se funda en el amor, en cualquiera de sus formas, que une a sus miembros, y el amor es la apertura de un espacio de existencia para el otro ser humano junto a uno. Si no hay amor, no hay socialización genuina y los seres humanos se separan. Una sociedad en la que se acaba el amor entre sus miembros se desintegra. Ser social involucra siempre ir con otro, y se va libremente solo con el que se ama, (Maturana, 1984).

Construir una Cultura de Paz consiste, entonces, afirmar en nuestra cultura esa aceptación del otro, potenciando valores, actitudes y comportamientos que favorecen a la convivencia y que permitan resolver a favor de la paz las tensiones que enfrentamos en momentos de crisis como nación.

Maestros, la educación es un medio poderoso para el cambio cultural y, por ende, nos permite construir caminos de paz. Como mediadores del aprendizaje nos corresponde una cuota de colaboración con la formación de una conciencia más humana en nuestros aprendientes. ¿Pero cómo podemos instaurar una cultura de paz? La respuesta es sencilla, y se basa en dos valores de primer orden: tolerancia y solidaridad.

La tolerancia nos permite respetar las ideas diversas y expresar sentimientos, es aceptar el pensamiento del otro y sus circunstancias. La solidaridad, es aquella que nos permite unirnos como naturaleza a sobrellevar cualquier dificultad que se nos presente. La fusión de tolerancia y solidaridad da como resultado la fórmula de una mejor convivencia como pilar de la Cultura de Paz.

Una conocida frase del reconocido filósofo Aristóteles nos recuerda que el aprendizaje moral es fruto del comportamiento: “La excelencia moral es resultado del hábito. Nos volvemos justos realizando actos de justicia; templados, realizando actos de templanza; valientes, realizando actos de valentía”. Para promover la solidaridad y la tolerancia se requiere fomentar actos en los que se afirme cuáles deben ser las normas, costumbres e iniciativas que podemos poner en práctica.

Por otro lado, debemos estar conscientes que para poner en práctica estos valores con nuestros estudiantes, tenemos que trabajar nuestro yo interior, nuestra espiritualidad y reflexionar profundamente, puesto que solo así lograremos un cambio de mentalidad en nosotros mismos. Sería imposible intentar convencer a los demás si nos contradecimos en actuar de una manera y pensar de otra. La mente es un campo de batalla y en él debemos ordenar ideas y separar el bien del mal.

La vida interna de las personas (espíritu y mente) incide en la paz externa de nuestros semejantes, a como pensamos somos. “La paz empieza dentro de cada uno de nosotros. Cuando tenemos paz interior, podemos estar en paz con los de alrededor. Cuando nuestra comunidad está en un estado de paz, puede compartir esa paz con las comunidades vecinas, y así en estructuras cada vez más amplias. Cuando sentimos amor y ternura hacia otros, no sólo hace que otros se sientan queridos y cuidados, sino que también nos ayuda a desarrollar paz interior y felicidad” (Dalai Lama, al recibir el premio Nobel).

Esta visión, constituye una importante contribución a la construcción de una cultura de paz en las personas, no solo a los líderes y autoridades, sino a todos los involucrados en esta tarea. Complementando este aporte, los conflictos deben resolverse sin violencia, procesándolos con empatía y creatividad a como lo señala Galtung: “empatía no es sino compartir, sentir y entender las posiciones del contrincante, sin necesariamente estar de acuerdo con él; creatividad es la capacidad de ir más allá de las estructuras mentales de las partes en conflicto, abriendo nuevos caminos para su relación. El empleo mismo de acciones violentas como medio sistemático de acción niega la dignidad humana, base de toda justicia” (1998, p.52).

Educar para promover una cultura de paz involucra un cambio de mentalidad, de lo contrario no podríamos hacer énfasis en el cumplimiento de los valores deseados. No podemos educar para un mundo de paz si permitimos que la violencia se manifieste en sus diferentes formas. “En este cambio la educación tiene un papel muy importante ya que incide desde las aulas en la construcción de los valores que ayudan a la evolución del pensamiento” (Fallas, 2012, p. 177).

El lugar de acción de un verdadero educador es el aula de clase y su mayor recompensa ha de ser aprendientes con un alto sentido de justicia social mediante la aceptación de valores y el fortalecimiento del respeto, la solidaridad, la tolerancia y la aceptación de las diferencias.
Los nuevos escenarios de aprendizaje en materia de cultura de paz que deben proyectarse en el salón de clase son los siguientes:

1. Crear grupos de trabajo diversos. “Polos diferentes se atraen”, esa es la ley física-matemática que aprendimos en la secundaria. Y de eso se trata, siempre es correcto tener las dos partes de la historia y analizar los puntos principales. Siempre es sugerente crear espacios donde se potencien climas de integración y no de segmentación que permitan un libre ejercicio de diálogo y argumentación racional.

“Si el educador pierde el miedo a la expresión libre de ideas, logrará crear situaciones de enseñanza donde los estudiantes aprendan a debatir, a escuchar diferentes puntos de vista.” (Zurbano, 1998. p.22)

2. Abrirse al debate de ideas. Saber escuchar es un don, pero se requiere nobleza y humildad para aceptar si estamos mal. Siempre dejemos que nuestros aprendientes expresen sus emociones, pero teniendo el respeto hacia ellos y hacia nosotros mismos, con esto estaremos potenciando participación y les estaremos respetando su derecho a la libertad de expresión. Acá lo importante es recordarles que cada persona tiene derecho a pensar diferente, pero sin alterar el respeto de su otro semejante que no piense igual a él.

El educador debe aprender a exponer positivamente sus emociones, a autocontrolarse, para que los estudiantes aprendan y logren expresar sus sentimientos de forma positiva y no destructiva. El Educador logrará educar en una cultura de paz cuando interiorice y viva lo que pretende enseñar, para que logre así comunicarlo de manera efectiva. Cuando desarrolle la capacidad de arriesgarse en intentar nuevas alternativas, apertura al cambio, creando espacios de confianza al estar abierto a las críticas, facilitando la participación y libre expresión al grupo. (García, 1997 p.15)

3. Enseñarles a nuestros aprendientes a ser protagonista de sus propias experiencias. Es sumamente valioso conocer cómo ellos perciben la realidad desde su propia óptica. Pidámosle a cada estudiante que expresen sus propias apreciaciones desde su contexto, diferenciando lo positivo y negativo, y que ganancia o pérdida obtienen de la situación.

“Educar para la paz exige facilitar a los alumnos la experiencia y vivencia de la paz en el ámbito escolar. Para ello se debe potenciar unas relaciones de paz entre todos los que forman la comunidad educativa. La organización democrática del aula, facilita la resolución no violenta de los conflictos; debe propiciarse un clima que genere actitudes de confianza, seguridad y apoyo mutuo, de igualdad, justicia, solidaridad y libertad”. (González Lucini, F, 1993, p.64).

4. Fomentar la resolución de conflictos. Para cumplir este punto debemos de tener claro que esto solo lo lograremos realizando ejercicios y dinámicas que estimulen la utilización de formas de resolución no violenta de los conflictos, competencia sana siempre en el marco del respeto.

“Educar para la no violencia es educar en la tolerancia y la diversidad, ello permite comprender que “Educar para la paz es educar en la internacionalización, la tolerancia y el reconocimiento en la diversidad. Conviene, por tanto, evitar a toda costa que los nacionalismos, hoy en auge, se conviertan en causa de enfrentamientos sin fin. Sólo es lícito el concepto de nación capaz de articularse coherentemente con la actitud de apertura y respeto a los otros” (Camps. 2001).

5. La promoción de Derechos Humanos. Si bien el tema de los valores morales y los Derechos Humanos son temas que se abordan desde la primaria, aún en las universidades del mundo deben ser ejes de reflexión entre nuestros aprendientes y educadores. Es importante profundizar en la aplicación de los derechos humanos para nosotros como ciudadanos en la familia y comunidad, y por medio de esto consolidar en la sociedad el desarrollo humano, inclusivo y sustentable.

La cultura no es un hecho estático, con valores y normas que heredamos, sino una permanente construcción de significados, normas y valores que las personas producen activamente desde sus experiencias y relaciones sociales. Por ello, construir una Cultura de Paz requiere aplicar sus normas, valores, actitudes y comportamientos en nuestras propias experiencias; por ejemplo, empleando en los conflictos una perspectiva y metodología cooperativa y afirmando valores de equidad y respeto. (Portugal, 2005 p. 65)

6. Hacerle ver al estudiante la importancia que tiene para la institución su presencia. Cada que puedo hacerles saber a mis estudiantes lo importante que son para la universidad aporto a alimentar los sueños de los mismos. La universidad tiene la misión de formar profesionales con alto sentido humanista al servicio de la comunidad y del mundo, si fallo en decirles esto, estaré fallando como entrenador de su carrera profesional. Recordemos que, en la vida de nuestros jóvenes, nosotros representamos la guía que los llevará a sus metas. Asimismo, estaremos educando para el desarrollo humano.

Según afirma Fallas (2012), “si queremos educar para la paz y para el desarrollo humano, debemos ver este concepto como aquel que nos propone mejorar la sociedad actual y reconocer dimensiones, necesidades, prioridades y fines relacionados con la lucha por una vida mejor . Uno de sus principios más relevantes es la convicción de la dignidad humana y el valor de la vida. Busca al máximo el desarrollo de las capacidades personales del alumno, el desarrollo integral, para ponerlas al servicio del bien común.” (p.135).

Nuestra tarea es ardua, educar para una cultura de paz exige adentrarnos al campo de la transformación de nuestros propios pensamientos como seres humanos. El cambio debe iniciar primero en nosotros mismos. En otras palabras, se necesita un maestro que incorpore elementos ético- morales, y que no se limite a facilitar el aprendizaje de contenidos, sino que brinde herramientas a sus aprendientes para que de esta manera, se contribuya a la formación de una mejor sociedad respondiendo a los retos más cruciales en los momentos socioculturales que estamos viviendo.

Podríamos seguir enumerando acciones, pero este ensayo se haría extenso, por lo cual resumo a manera de conclusión, que hay mucho por hacer, pero debemos estar clarísimos que, si deseamos un cambio, debemos empezar en nuestra mente, cambiando pensamientos que no contribuyen a un clima de paz y unidad en donde nos estemos desenvolviendo.

Nuestro mayor reto es formar también profesionales críticos de su realidad, pero de manera constructiva, egresados con un alto compromiso por su nación, garantes de valores y verdaderos constructores de paz. Por otro lado, no debemos olvidar la importancia que tiene fortalecer las relaciones de convivencia, prevaleciendo el respeto a la libertad de pensamiento. “La convivencia demanda capacidades tanto emocionales, de actitud, como de juicio y razón. “El desarrollo de la empatía, la ternura, son tan importantes como el desarrollo del juicio ético, pues la racionalidad no niega la emotividad, y viceversa. Actuamos y pensamos globalmente como seres racionales y afectivos” (Jares, 2006).

Finalmente, la alegría de compartir aprendizajes positivos nos sirve hasta para vivir plenamente en armonía con la naturaleza y el universo, llenando de energías positivas nuestro espíritu. No olvidemos las palabras del líder espiritual, ícono y ejemplo de luchas pacifistas, Mahatma Gandhi “No hay caminos para la Paz, la Paz es el camino”.

Escrito por:
Martha E. Ortiz Ramírez
Máster en Educación con Especialidad en Pedagogía del Aprendizaje,
Universidad Evangélica Martin Luther King Jr.
Docente en la Facultad de Educación e Idiomas de la UNAN-Managua
Licenciada en Filología y Comunicación
Periodista de la Oficina de Divulgación de la UNAN-Managua

Referencias bibliográficas
 “Declaración y Programa de Cultura de Paz” (1999) Asamblea General Nº 53. Resolución A/53/243. Disponible en: http://www3.unesco.org/iycp/kits/sp_res243.pdf.
 Fallas L. (2012) Educación para la paz. San José. EUNED
 Galtung, J. (1998) “Tras la violencia, 3R: reconstrucción, reconciliación y resolución. Afrontando los efectos visibles e invisibles de la guerra y la violencia. Bilbao: Bakeaz y Gernika Gogoratuz. Colección Red Gernika Nº6.
 García, H. y Darío Ugarte. (1997) Resolviendo Conflictos en la Escuela. Lima: Centro de Estudios para la Paz
 Jares, X.. (1999) La educación para la paz en el umbral del nuevo siglo: retos y necesidades. Madrid: Editorial popular
 Jares, X. (2006) “Pedagogía de la convivencia”. Editorial GRAO. España.
 Lama D. (1989) “Discurso al recibir el Premio Nobel”. Disponible en: http://www.valoressinfronteras.com.ar/mod1-04.php
 Maturana, H. (1984) “Biología de los Fenómenos Sociales”. Disponible en: http://ecovisiones.cl/metavisiones/Pensadores/MaturanaBiologiasocial.htm
 Portugal Mendoza C. (2005) Introducción a la Cultura de Paz. Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social. Dirección General de Desplazados y Cultura de Paz. Editorial Trama de Rubelionil Ramírez Ramos. Lima- Perú.
 Zurbano Díaz de Cerio J. L. (1998), Educación para la paz, bases de una educación para la paz y la convivencia ayer, hoy y mañana.

Fuente: UNAN-Managua

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